Los 12 errores, en corto
Los cuatro errores que rozan la norma
1. El aviso legal sin los datos de colegiación
Es el error más extendido y el más fácil de arreglar.
La Ley 34/2002, de servicios de la sociedad de la información (LSSI), obliga en su artículo 10 a que cualquier web de actividad económica publique de forma permanente, fácil, directa y gratuita una serie de datos identificativos. Y añade un apartado específico para quien ejerce una profesión regulada, que es tu caso del sector de las páginas web de abogados. Hay que indicar los datos del colegio profesional al que se pertenece y el número de colegiado, el título académico o profesional, el Estado de la Unión Europea en el que se expidió ese título —y, si procede, su homologación— y las normas profesionales aplicables al ejercicio de la profesión, junto con los medios para conocerlas.
A eso hay que sumarle la información relativa a cualquier página web y que debe ir en el aviso legal, como denominación, domicilio, correo de contacto efectivo, NIF y datos registrales si los hay.
La mayoría de los avisos legales de despachos que auditamos llevan la plantilla genérica que trae el gestor de contenidos, sin ninguno de los datos de colegiación. Es una plantilla pensada para una tienda online o una web corporativa estándar, no para un profesional colegiado.
Qué hacer: revisa tu aviso legal contra esa lista, punto por punto. Si el despacho es una sociedad profesional con varios letrados, aclara a quién corresponden los datos de colegiación. Es media hora de trabajo y te quita de encima el incumplimiento más obvio de tu web.
2. Los casos de éxito contados con demasiado detalle
Aquí hay un matiz que casi ningún artículo del sector cuenta bien, porque se sigue citando una versión antigua de la norma.
El Código Deontológico de 2002 prohibía de forma tajante hacer referencia, directa o indirectamente, a clientes propios, a asuntos llevados o a sus éxitos y resultados. Con esa redacción, una página de casos de éxito era sencillamente impracticable. El Código Deontológico aprobado en 2019 relajó ese punto, pero mantiene con toda claridad el límite que de verdad importa. En este caso, la publicidad no puede revelar, directa ni indirectamente, hechos, datos o situaciones amparados por el secreto profesional.
Y ese «indirectamente» es el que se salta todo el mundo. Un caso descrito como una sentencia de una jurisdicción concreta, en una provincia concreta, con una cuantía concreta y una fecha aproximada es perfectamente identificable para cualquiera que conozca el asunto, aunque no aparezca ningún nombre. El secreto profesional, además, abarca todo lo que has conocido por razón de tu actuación profesional, no solo lo que el cliente te contó en confianza.
Qué hacer: si publicas casos, hazlo por tipología y no por expediente. Expón qué clase de problema resuelves, cómo lo abordas, qué plazos suelen manejarse. Sin cuantías exactas, sin juzgados, sin fechas que permitan identificar. Y con consentimiento del cliente cuando haya cualquier elemento reconocible (aunque no te lo recomendamos). Ante la duda, tu colegio resuelve consultas mejor que nosotros.
3. Llamadas a la acción que incitan al pleito
En cualquier otro sector, un botón que diga «reclama ya lo que es tuyo» es una llamada a la acción normal. En una web de abogados, la publicidad no puede suponer la incitación, genérica o concreta, al pleito o al conflicto.
Es una línea fina y no siempre evidente. Informar de que existe un derecho y explicar cómo se ejerce es legítimo y es, de hecho, el mejor contenido que puede tener un despacho. Empujar a alguien a litigar con urgencia fabricada es otra cosa.
Qué hacer: convierte los verbos de ataque en verbos de información. «Reclama ya» se convierte en «consulta si tu caso tiene recorrido».
4. Campañas dirigidas a afectados por un suceso reciente
Este no es estrictamente un error de web, sino de la campaña que apunta a ella, pero acaba materializándose en una landing y por eso lo incluyo.
El Código Deontológico prohíbe ofrecer servicios profesionales, por uno mismo o mediante terceros, a víctimas directas o indirectas de catástrofes, calamidades públicas u otros sucesos con un número elevado de afectados, y a sus herederos y causahabientes, en momentos o circunstancias que condicionen la libre elección de abogado —y en ningún caso hasta transcurridos 45 días desde el hecho. Tampoco puede dirigirse a quienes lo sean de accidentes o infortunios recientes que carezcan de plena y serena libertad de elección.
Ese plazo de 45 días es un dato concreto que mucha gente del sector desconoce, y las campañas de captación que se activan al día siguiente de un suceso con repercusión mediática son exactamente el supuesto que la norma persigue.
Qué hacer: si trabajas áreas donde esto aplica, ten la regla escrita en el protocolo de marketing del despacho.
Los cuatro errores que destruyen la confianza
5. El despacho sin caras
Contratar a un abogado es una de las decisiones de mayor confianza que toma una persona o una empresa. Y una cantidad sorprendente de webs de despachos no dice quién trabaja allí. Aquí hay que exponerse y huir de las fotos de stock que hacen que la página sea extremadamente impersonal y no transmita confianza. Contratar un fotógrafo, mismo set en el despacho y fotos cuidadas y uniformes. De nada sirve tener un diseño web a medida si luego tenemos imágenes gratuitas o de IA falsas.
Qué hacer: ficha por letrado con nombre, foto real, colegio y número de colegiado, formación, áreas en las que trabaja y trayectoria. Es lo que genera confianza, es lo que valora Google en contenidos donde la experiencia importa y, además, encaja con los datos que la LSSI ya te obliga a publicar. Tres beneficios por el mismo trabajo.
6. Las áreas de práctica como una lista, no como páginas
«Civil, penal, mercantil, laboral, familia y fiscal» en una sola página no posiciona por ninguna de las seis, y tampoco convence a nadie. Alguien que se está divorciando no quiere un despacho que hace de todo, quiere uno que haga muy bien lo suyo. Explícalo.
Qué hacer: una página por área, y dentro de las áreas grandes, una por servicio concreto con demanda propia. Cada una respondiendo lo que el cliente pregunta de verdad —cuánto tarda, qué necesito, qué me va a costar, qué pasa si pierdo— y no un resumen de la ley.
7. Escribir para un juez, no para un cliente
Es el sesgo profesional más difícil de corregir, porque el texto lo suele escribir un abogado y le sale bien escrito en jurídico. El problema es que el lector no es jurista.
«Ejercitar las acciones que en derecho correspondan» no le dice nada a alguien que acaba de recibir una carta de despido. «Te explicamos qué puedes reclamar y en qué plazo» sí.
Qué hacer: escribe la web en el idioma del cliente y guarda el técnico para los escritos. Una prueba rápida y honesta: dale la página a alguien de tu familia que no sea abogado. Si tiene que releer una frase dos veces, esa frase se reescribe.
8. El formulario que te pide que le cuentes tu caso
Este es el más interesante de los doce y casi nadie lo ve.
Un formulario con un campo abierto del tipo «cuéntanos tu caso» genera tres problemas a la vez. El primero, de protección de datos: lo que llega puede incluir datos de categoría especial —salud, condenas, situación familiar— y eso exige un tratamiento reforzado, no el buzón de correo de siempre reenviado a tres personas. El segundo, de confidencialidad: estás recibiendo información sensible de alguien que todavía no es cliente, sin encargo y sin control sobre dónde acaba. Y el tercero, el más incómodo: nada impide que quien rellene ese formulario sea la parte contraria de un asunto que ya llevas, y a partir de ahí tienes un problema de conflicto de intereses que no habías buscado.
Qué hacer: el formulario pide nombre, contacto y área de consulta. Nada más. El caso se cuenta por teléfono o en despacho, después de una comprobación mínima de conflictos. Añade un aviso explícito de que no se envíe documentación ni detalles del asunto por ese canal y de que rellenarlo no crea relación profesional. Y cuida el circuito técnico: cifrado, correo profesional con contrato de encargado de tratamiento y política de conservación real.
Los cuatro errores que cuestan clientes
9. No decir nada sobre honorarios
El silencio total sobre precio es la norma en el sector y es una decisión defendible. Como en nuestro caso, el del diseño web y desarrollos webs a medida, los honorarios dependen del asunto y del alcance y cualquier cifra cerrada sería falsa. Pero entre publicar una tarifa y no decir absolutamente nada hay mucho espacio.
Qué hacer: explica cómo cobras aunque no publiques cuánto. Si la primera consulta es gratuita o no y cuánto dura. Si trabajas por hora, por acto o por iguala. Si hay provisión de fondos. Si se puede fraccionar. Eso no compromete ningún presupuesto y elimina la principal fricción para que alguien levante el teléfono.
10. No atender la urgencia, que en legal es real
Una detención, un despido con veinte días hábiles para impugnar, un desahucio con fecha, un plazo de recurso que vence. En legal la urgencia existe de verdad y es cuando más decidido está el cliente.
Qué hacer: teléfono visible y pulsable en móvil en todas las páginas, y si el despacho atiende urgencias fuera de horario, dilo con claridad y di en qué condiciones.
11. Ignorar el SEO local
Las búsquedas legales son locales en su inmensa mayoría. Del estilo abogado laboralista en tal ciudad, abogado de familia en tal barrio. Y muchas webs de despacho no tienen ni la dirección bien puesta.
Qué hacer: ficha de Google Business Profile completa y con reseñas atendidas, datos idénticos entre la ficha y la web, y si tienes varias sedes, una página por sede. Si trabajas habitualmente ante determinados juzgados o partidos judiciales, eso también es contenido local legítimo y muy poco explotado.
12. El blog jurídico abandonado o desactualizado
Un blog con la última entrada de hace tres años transmite que el despacho ha cerrado. Pero hay algo peor: un artículo sobre una norma que ya se ha reformado.
En cualquier otro sector, un post desactualizado es un descuido. En un despacho de abogados es una afirmación jurídica incorrecta publicada bajo tu nombre y tu número de colegiado, y alguien puede leerla y actuar en consecuencia.
Qué hacer: mejor pocos contenidos revisados que muchos abandonados. Fecha visible de publicación y de última revisión en cada artículo, y una revisión anual de los que tratan normativa. Si no vas a mantenerlo, es preferible no tener blog y concentrar el esfuerzo en las páginas de área.
Preguntas frecuentes
¿Qué datos obliga la ley a poner en la web de un despacho de abogados? Además de los datos identificativos generales que exige el artículo 10 de la LSSI, por tratarse de una profesión regulada hay que indicar el colegio profesional y el número de colegiado, el título académico o profesional, el Estado de la UE en que se expidió y las normas profesionales aplicables al ejercicio, con los medios para conocerlas.
¿Puede un abogado publicar casos de éxito en su web? El Código Deontológico de 2019 es más abierto que el anterior en este punto, pero mantiene que la publicidad no puede revelar, directa ni indirectamente, hechos o situaciones amparados por el secreto profesional. En la práctica, eso permite describir tipologías de asunto y no expedientes identificables. Ante la duda, consulta a tu colegio.
¿Puede un despacho hacer publicidad tras un accidente o una catástrofe? No en los términos que condicionen la libre elección de abogado. El Código Deontológico establece que no puede ofrecerse servicios a víctimas de catástrofes o sucesos con un número elevado de afectados, ni a sus herederos, hasta transcurridos 45 días desde el hecho, y tampoco dirigirse a quienes hayan sufrido accidentes o infortunios recientes sin plena y serena libertad de elección.
¿Es buena idea un formulario donde el cliente cuente su caso? No. Genera un problema de protección de datos, uno de confidencialidad y, sobre todo, el riesgo de recibir información de la parte contraria de un asunto que ya llevas. Pide solo nombre, contacto y área de consulta.
¿Cuánto cuesta la web de un despacho de abogados? Depende sobre todo del número de áreas de práctica con página propia, de si hay varias sedes o idiomas y del trabajo de contenidos, que en este sector tiene que revisar un letrado. Los rangos están en nuestra página de precios y la calculadora da una horquilla en dos minutos.
Si quieres ver cómo abordamos estos proyectos, aquí está nuestro trabajo en diseño web para abogados. Si quieres ponerte en contacto con nosotros para contarnos tu proyecto, escríbenos.