Una página web profesional en España cuesta, en 2026, entre 2.400 € y más de 12.000 €. La diferencia no es capricho: depende del alcance, el número de páginas, el nivel de diseño, los contenidos, el SEO, las funcionalidades, los idiomas y el mantenimiento. Con nuestra calculadora tienes una estimación orientativa en dos minutos. Sin registrarte y sin que nadie te llame si no quieres.
Respondemos en menos de 24 horas. Tus datos están seguros.
Aceptamos 4 proyectos nuevos al mes. Cuando se llenan, se llenan.
Responde a las preguntas sobre tu proyecto y obtén un rango de inversión realista. No te pediremos el email para ver el resultado.
Este presupuesto es una estimación orientativa., no una oferta comercial vinculante. Ponte en contacto con nosotros para tener asesoramiento y presupuesto definitivo.
IVA no incluido en los precios de la calculadora.
La calculadora cruza tus respuestas con los rangos reales de nuestros últimos proyectos. No es un precio cerrado, y desconfía de cualquier herramienta que te prometa uno: nadie puede darte un precio exacto sin conocer tu proyecto, igual que ningún arquitecto firma un precio sin ver el terreno.
Lo que sí hace es más útil que una cifra al aire: te devuelve un rango honesto y te muestra, pregunta a pregunta, qué decisiones suben o bajan el presupuesto. Al terminar sabrás dos cosas: cuánto puede costar tu web y por qué cuesta eso. Con esa información comparas presupuestos con criterio. Por si no lo sabes, la validez de nuestros presupuestos oficiales es de solo cinco días. Es corta porque cuando confirmáis bloqueamos la fecha y al equipo que va a estar con vosotros, y no podemos mantener esa reserva indefinida sin desorganizar el resto. Así que con esta orientación, puedes preguntar a otros y luego volver con nosotros.
El resultado de la calculadora es una estimación orientativa, no una oferta comercial vinculante. El presupuesto definitivo se elabora tras revisar el proyecto contigo.
Si solo quieres cifras, aquí las tienes. Son rangos orientativos de mercado para trabajo profesional de agencia; por debajo de estos rangos existe oferta freelance con poca experiencia, pero suele implicar plantillas sin adaptar, textos sin estrategia y cero SEO. Si te importa tu empresa estos son los precios mínimos que debes considerar.
El error más caro no es pagar de más. Es pagar dos veces. Una web barata que no genera contactos se acaba rehaciendo a los 18 meses. Cuando eso pasa, la web «económica» ha costado más que la profesional y encima has regalado año y medio de clientes a tu competencia.
No es lo mismo una landing para una campaña que la web central de tu negocio para los próximos cinco años.
Cada página con contenido propio requiere estructura, diseño, texto y optimización. Diez páginas no cuestan el doble que cinco, pero tampoco lo mismo.
Adaptar una base probada es más rápido; diseñar desde cero cada pantalla, con dirección de arte propia, lleva semanas de trabajo especializado.
¿Quién escribe los textos? Si los redactamos nosotros con enfoque SEO y comercial, el presupuesto sube y los resultados también. Es la partida más infravalorada y la que más convierte.
Una web puede “estar en internet” o puede estar construida para aparecer cuando tu cliente te busca. Lo segundo exige arquitectura, investigación de palabras clave y contenido optimizado desde el primer wireframe.
Reservas, área privada, pagos, CRM, newsletter… Cada integración es desarrollo y pruebas.
Cada idioma multiplica contenido, revisión y, si se hace bien, SEO internacional.
Los plazos comprimidos requieren reorganizar equipo. Se puede hacer; tiene coste.
Una web es software: se actualiza, se protege y se mejora. Presupuestarlo desde el principio evita sustos.
Un presupuesto serio no es una cifra en un email. Es un documento donde puedes ver exactamente qué estás comprando. Como mínimo debe desglosar:
Proceso y plazos: fases del proyecto con fechas estimadas y qué necesita de ti en cada una.
Contenidos: quién escribe qué, cuántas revisiones incluye.
SEO: qué trabajo de posicionamiento entra (arquitectura, etiquetado, velocidad) y qué se cotiza aparte.
Propiedad: la web, el dominio y los accesos son tuyos. Siempre. Si un proveedor no lo deja claro, pregunta dos veces.
Qué NO incluye: la sección más honesta de un presupuesto y la que más pocas veces verás. Nosotros la incluimos siempre.
Garantía y soporte post-lanzamiento
Una sola página, un solo objetivo: convertir. Ideal para campañas de publicidad, lanzamientos o validar una oferta. Su precio es menor, pero exige lo más difícil: un mensaje afilado. Una landing con mal copy es un anuncio caro que no vende.
La casa digital de tu empresa: quiénes sois, qué hacéis, por qué elegirte y cómo contactar. Es el tipo de web que más pedimos presupuestar y donde más varían las cifras, porque “web corporativa” puede ser 5 páginas con textos del cliente o 20 páginas con estrategia de contenido, blog y captación. La horquilla de la tabla de arriba refleja exactamente eso.
Vender online no es “una web con carrito”. Es catálogo, fichas de producto que convencen, pasarela de pago, logística, fiscalidad, emails transaccionales y mantenimiento continuo. Un ecommerce serio se presupuesta como lo que es: la apertura de un canal de venta.
Cuando el negocio necesita algo que ningún CMS resuelve bien: áreas privadas complejas, integraciones con tu software de gestión, configuradores, plataformas. Aquí el presupuesto lo define el análisis funcional, no una tabla. Si es tu caso, la calculadora te dará un punto de partida y la conversación hará el resto.
Cualquiera de las anteriores, con una diferencia estructural: la web se diseña a partir de lo que tu cliente busca en Google, no de lo que la empresa quiere contar. Cambia la arquitectura, cambian los textos y cambia el resultado: una web que capta tráfico y contactos sin depender solo de publicidad.
Cuando una empresa nos pide presupuesto, no está comprando páginas. Está comprando tres cosas: credibilidad ante los clientes que la van a mirar antes de firmar, visibilidad ante los que la buscan en Google, y un sistema de captación que trabaja mientras el equipo comercial duerme.
Por eso el presupuesto se plantea como una decisión de inversión, no de gasto. Una web corporativa de 6.000 € que trae veinte clientes B2B al año ya se ha pagado sola; una de 900 € que no trae ninguno es un gasto, por barata que parezca en la factura.
12 años. Más de 450 proyectos entregados. Desde PYMEs hasta Eurovision, Fundación ONCE, Cervezas Alhambra o Eulen Seguridad. Aceptamos 4 proyectos al mes como techo: preferimos hacer pocas webs bien que muchas regulares.
WordPress mueve casi la mitad de la web mundial y es nuestra base habitual para proyectos corporativos por una razón práctica: te deja el control. Editas textos, publicas en el blog y añades páginas sin depender de nadie. Tampoco de nosotros.
Que la herramienta sea popular no significa que todos los presupuestos WordPress sean comparables. La diferencia entre 800 € y 6.000 € está en lo que no se ve: si la plantilla está adaptada o diseñada desde cero, si los textos siguen una estrategia, si la arquitectura está pensada para SEO, si el rendimiento pasa Core Web Vitals y si al entregarla sabes usarla sin llamarnos. En cada entrega incluimos formación de manejo. La gente suele confundir wordpress con plantilla de wordpress y no tiene nada que ver. Wordpress es un panel de administración muy útil para gestionar tu página. Una plantilla es una basura que lastrará tu empresa el tiempo que la tengas.
El posicionamiento no se “añade” al final: se decide cuando se define qué páginas existen y cómo se organizan. Meterlo después es reformar; meterlo desde el principio es construir bien.
Diseñar la web pensando en el recorrido del usuario —qué duda tiene en cada pantalla, qué necesita ver para confiar, dónde debe estar el botón— es lo que convierte visitas en formularios. Es diseño invisible: no se nota, se mide.
Cada web que entregamos sale con analítica configurada y objetivos medidos. Si no puedes saber cuántos contactos genera tu web, no puedes saber si funcionó la inversión. Nosotros sí queremos que lo sepas.
Una sola página, un solo objetivo: convertir. Ideal para campañas de publicidad, lanzamientos o validar una oferta. Su precio es menor, pero exige lo más difícil: un mensaje afilado. Una landing con mal copy es un anuncio caro que no vende.
Dos presupuestos de 3.000 € pueden incluir cosas radicalmente distintas. Compara el desglose, no el total.
“Los textos los pongo yo” es la frase que más lanzamientos ha retrasado en la historia del diseño web. Meses, en algunos casos.
“La web sale optimizada” no significa nada. Pregunta qué incluye exactamente.
La web se entrega un día y vive años. Pregunta cuánto cuesta mantenerla antes de firmar, no después.
Dominio, hosting y accesos a tu nombre. Innegociable.
Si el criterio es únicamente la cifra más baja, el resultado más probable es pagar dos veces.
Cuando tengas dos o tres presupuestos delante, hazles a todos las mismas seis preguntas: ¿Cuántas páginas y plantillas de diseño incluye exactamente? ¿Quién escribe los textos y con qué enfoque? ¿Qué trabajo SEO concreto incluye? ¿Qué pasa después del lanzamiento (soporte, garantía, mantenimiento)? ¿La web y los accesos son 100 % míos? ¿Qué NO está incluido?
El proveedor que responda con claridad y por escrito a las seis es, casi siempre, el que va a hacer bien el proyecto. La transparencia antes de firmar predice la transparencia después.
En España, en 2026, una página web profesional hecha por una agencia cuesta entre 2.400 € y 12.000 €, y los proyectos a medida superan esa cifra. Una landing page parte de unos 2.400 €, una web corporativa profesional se mueve entre 4.500 € y 8.000 €, y una tienda online seria desde 6.500 €. Existen opciones más baratas basadas en plantillas sin estrategia, y proyectos mucho mayores cuando hay desarrollo a medida. El rango exacto depende del alcance, el diseño, los contenidos, el SEO y las funcionalidades: por eso una calculadora orientativa es el mejor punto de partida antes de pedir propuestas.
Define primero cinco cosas: tipo de web, número aproximado de páginas, quién escribirá los textos, qué papel jugará Google en tu captación y qué funcionalidades necesitas en el lanzamiento. Con esas cinco respuestas, cualquier proveedor serio puede darte un rango realista, y nuestra calculadora te lo da en dos minutos. Lo que no funciona es preguntar “¿cuánto cuesta una web?” sin más: recibirás cifras entre 400 € y 15.000 € y ninguna te servirá para decidir, porque cada proveedor habrá imaginado un proyecto diferente.
Un presupuesto profesional desglosa por escrito el alcance, el proceso y los plazos, quién redacta los contenidos, qué trabajo SEO incluye, las funcionalidades contratadas, la propiedad de la web y los accesos, la garantía post-lanzamiento y —lo más revelador— qué no está incluido. Si recibes una cifra sin desglose, no tienes un presupuesto: tienes un número. Pedir el detalle no es desconfianza, es la única forma de comparar propuestas entre sí.
Una web corporativa se mueve entre 2.800 € en su versión básica (hasta 5 páginas, diseño profesional y autogestionable) y más de 7.500 € en versiones avanzadas con estrategia de contenidos, redacción SEO completa y funcionalidades como reservas o áreas de cliente. La franja más habitual para una PYME que quiere captar clientes está entre 4.500 € y 8.000 €. La variable que más mueve el precio no es el número de páginas: son los contenidos y el trabajo SEO, que también son las partidas con mejor retorno.
Un ecommerce profesional parte de unos 6.500 € e incluye catálogo, fichas de producto orientadas a conversión, pasarela de pago, emails transaccionales y formación para gestionarlo. A partir de ahí, el precio crece con el tamaño del catálogo, las integraciones y la complejidad fiscal o logística. Cuidado con presupuestar solo la construcción: una tienda online tiene costes recurrentes —mantenimiento, hosting robusto y mejoras de conversión— que conviene conocer antes de lanzarse a vender.
WordPress es la base, no el precio. Una web WordPress puede costar 800 € si es una plantilla sin apenas adaptar, o 6.000 € si lleva diseño propio, redacción SEO, arquitectura pensada para posicionar y rendimiento optimizado. Nuestras webs corporativas en WordPress parten de 2.800 € e incluyen siempre autogestión y formación: al entregártela, sabes editarla sin depender de nadie. La pregunta útil no es “¿cuánto cuesta una web WordPress?”, sino “¿qué trabajo hay dentro de esta web WordPress?”.
Porque “una web” no es un producto estándar: es un proyecto. Dos presupuestos con la misma cifra pueden incluir alcances radicalmente distintos, y dos webs que parecen iguales por fuera pueden diferenciarse en todo lo que no se ve: estrategia, textos, SEO, rendimiento, seguridad y soporte. Cuando compares, ignora el total y compara los desgloses: qué páginas, qué textos, qué SEO, qué garantía y qué no incluye cada uno. La diferencia de precio casi siempre se explica ahí.
Es fiable para lo que es: una estimación orientativa. Una buena calculadora te da un rango realista basado en proyectos comparables y te enseña qué decisiones mueven el precio. Lo que ninguna calculadora puede darte es un precio exacto, porque no conoce tu sector, tu competencia ni tu punto de partida. Desconfía de las que prometen “precio exacto al instante”: o inflan por seguridad o recortarán alcance después. Nuestra calculadora muestra el rango sin pedirte datos; la cifra cerrada llega tras una conversación.
No necesitas un briefing perfecto, pero cuanto más claro llegues, mejor propuesta recibirás. Lo esencial: a qué se dedica tu negocio, qué quieres que consiga la web —contactos, ventas o credibilidad—, qué páginas imaginas, si tienes textos e imágenes o hay que crearlos, referencias de webs que te gustan y un rango de inversión aproximado. Con eso, cualquier agencia seria puede prepararte una propuesta rigurosa. Si aún no tienes ni eso, empieza por la calculadora: sus preguntas te sirven de guion.
Tres partidas destacan por encima del resto: el desarrollo a medida, los contenidos profesionales y los idiomas. Las funcionalidades específicas, como áreas privadas o integraciones con tu software de gestión, exigen programación; la redacción SEO de muchas páginas requiere trabajo especializado; y cada idioma multiplica el contenido, la revisión y el SEO. El diseño avanzado y la urgencia también suman, pero en menor medida. La buena noticia es que casi todo puede fasearse, empezando por lo esencial y ampliando cuando el negocio lo pida.
La web barata resuelve “existir en internet”: plantilla, textos del cliente y sin SEO. La profesional resuelve “captar clientes”: diseño con identidad, textos con estrategia comercial, arquitectura pensada para Google y medición de resultados. Ninguna es mala en abstracto; son herramientas para objetivos distintos. El problema aparece cuando se compra la barata esperando resultados de la profesional: la web se rehace a los 18 meses y el proyecto “económico” acaba costando más, con un año y medio perdido.
Depende de qué llames SEO, y ahí está la trampa de muchos presupuestos. Casi todos incluyen SEO técnico básico: web indexable, rápida y con etiquetas correctas. Muy pocos incluyen lo que de verdad posiciona: investigación de palabras clave, arquitectura definida a partir de las búsquedas y contenidos optimizados. Y el SEO continuado —contenidos y autoridad mes a mes— es siempre un servicio aparte. Cuando compares presupuestos, pide que te concreten qué SEO incluyen exactamente: “sale optimizada” no significa nada.
Sí, y es sano que así sea: mezclarlo en el precio del proyecto solo oscurece ambas cifras. El mantenimiento cubre actualizaciones, seguridad, copias de seguridad, soporte y pequeñas mejoras, y en una web profesional parte de unos 90 €/mes. Puedes gestionarlo por tu cuenta si tienes conocimientos y tiempo, pero una web desatendida envejece rápido: se vuelve lenta, vulnerable e incompatible. Pregunta siempre por el coste de mantenimiento antes de firmar, no después del primer susto.
Una web corporativa profesional suele tardar entre 6 y 10 semanas desde el brief hasta el lanzamiento; una landing, 3-4 semanas; y un ecommerce o una web a medida, de 3 meses en adelante. El factor que más retrasa los lanzamientos no es el diseño ni el desarrollo: son los contenidos pendientes del cliente. Por eso, si el plazo importa, contratar la redacción suele ser la decisión más rentable del proyecto. Los plazos exprés son posibles según agenda, con un coste adicional por reorganización del equipo.
Sí, y muchas veces es la decisión correcta, con una condición: que la base esté bien construida. Una web corporativa de 5 páginas con buena arquitectura, buen CMS y SEO técnico sólido puede crecer hacia blog, más servicios, multidioma o incluso venta online sin rehacer nada. Una web barata sin base obliga a empezar de cero en cada ampliación. Nuestro consejo: recorta en cantidad, nunca en calidad de la base. Ampliar es fácil; recimentar, carísimo.