Las 14 lecciones, en corto
1. Tu web no compite con Instagram: compite con Google Maps
La conversación empieza casi siempre igual: «¿para qué quiero web si ya tengo Instagram?». La pregunta está mal planteada. Instagram y Google Maps son donde te descubren; la web es donde deciden.
En la práctica, la mayoría de la gente que acaba en tu web ha llegado desde tu ficha de Google, después de ver una foto y una nota media, y entra con dos preguntas concretas: qué se come aquí y cuánto me va a costar. No entra a que le cuentes tu filosofía culinaria.
Qué hacer: antes de encargar la web, ten la ficha de Google Business Profile impecable, con horarios, fotos actualizadas y enlace a la web. Es gratis y mueve más comensales que cualquier rediseño. Y diseña la web para responder esas dos preguntas en la primera pantalla, no en la tercera.


2. La carta en PDF es el error más caro del sector
Sigue siendo lo más habitual y es difícil hacerlo peor. Un PDF en el móvil obliga a hacer zoom y arrastrar. Google apenas lo lee como contenido de tu web, así que los nombres de tus platos —que son exactamente lo que la gente busca— quedan invisibles. No es accesible para quien usa lector de pantalla. Y cada cambio de precio obliga a rehacer el archivo.
Nos ha pasado ver a un cliente perder posiciones frente a un competidor peor solo porque el competidor tenía la carta en HTML y él en PDF. El resto de la web era mejor. Da igual.
Qué hacer: carta en HTML, cada plato como texto real, con su descripción y su precio. Si quieres el PDF para imprimir, ofrécelo como descarga adicional, nunca como carta principal.
3. Si no puedes cambiar la carta sin llamar a la agencia, la web nace caducada
Esta la aprendimos equivocándonos. En uno de los primeros proyectos montamos una carta preciosa, maquetada a mano, con una tipografía cuidada plato a plato. Tres semanas después el restaurante había cambiado media carta y la web seguía con la vieja, porque cada cambio pasaba por nosotros.
Un restaurante cambia la carta por temporada, sube precios cuando sube el proveedor y quita el plato que no sale. Si eso depende de un tercero, no ocurre.
Qué hacer: exige un backend en el que un encargado pueda cambiar un precio en dos minutos desde el móvil, sin formación y sin miedo a romper nada. Si el presupuesto que te dan no menciona esto, pregúntalo.


4. Los precios, visibles
Hay restaurantes que ocultan los precios pensando que así no espantan a nadie. El efecto es el contrario: sube el rebote y suben las llamadas de gente que reserva y luego se sorprende, que es la peor manera de empezar un servicio.
Publicar precios filtra. El comensal que llega habiendo visto el ticket llega decidido.
Qué hacer: precios en la carta, siempre, y mantenidos. Una carta con precios de hace dos años hace más daño que no tenerlos.
5. El menú del día es el contenido que más tráfico trae y el peor resuelto
Si trabajas menú del día, esa es probablemente tu página más visitada de lunes a viernes, y casi siempre está vacía, desactualizada o metida dentro de un PDF.
Es contenido que cambia a diario, así que el problema no es de diseño: es de proceso. Nadie va a entrar en un gestor de contenidos a las ocho de la mañana antes del servicio.
Qué hacer: monta el menú del día como algo que se actualiza desde el móvil en menos de un minuto, con una plantilla fija en la que solo se escriben los platos. Y decide quién lo hace cada mañana antes de lanzar la web. Sin ese «quién», la funcionalidad no sirve.


6. Reservar tiene que costar un toque, no cinco
El error clásico es construir un formulario de reserva propio y bonito. Luego resulta que el restaurante ya usa un motor de reservas que gestiona el aforo, los turnos y los no-shows, y acaba con dos sistemas descoordinados y una mesa vendida dos veces.
El otro error es el opuesto: incrustar el widget del motor sin tocarlo y que en móvil aparezca una caja diminuta que rompe el diseño.
Qué hacer: integra el motor que el restaurante ya usa, no lo sustituyas, y trabaja esa integración como parte del diseño responsive, probándola en móvil real. El botón de reservar tiene que estar visible sin hacer scroll y en todas las páginas.
7. El teléfono sigue ganando en móvil
Por muchos motores de reserva que haya, una parte importante de las reservas de restaurante se hacen llamando, sobre todo en franjas de edad más altas y en reservas para el mismo día.
Qué hacer: botón de llamada fijo en móvil, con el número como enlace «tel:» para que se marque de un toque. Suena elemental. Falta en la mitad de las webs de restaurante que auditamos.


8. Los horarios son lo más consultado y lo peor mantenido
El horario es, junto con la carta, lo que más se mira. Y es lo primero que se queda obsoleto: el cierre por vacaciones, el festivo local, el cambio de horario de verano.
Un horario incorrecto no es un detalle. Es un cliente que se planta en la puerta cerrada, y ese cliente escribe una reseña.
Qué hacer: una única fuente de verdad, sincronizada con la ficha de Google, y marcado estructurado (openingHoursSpecification del tipo Restaurant) para que los buscadores lo muestren bien. Añade un espacio visible para avisos temporales: cierre por vacaciones, festivos, servicios especiales.
9. Los alérgenos no son cortesía: son obligación legal
Esta es la lección que más sorprende a los clientes, y la única de la lista con consecuencias legales. El Reglamento (UE) 1169/2011, transpuesto en España por el Real Decreto 126/2015, obliga a los establecimientos de restauración a informar de los 14 alérgenos de declaración obligatoria en los alimentos que sirven sin envasar. La norma no impone un formato único, pero sí exige que la información sea clara y accesible antes de que el cliente haga el pedido. Y aplica a cualquier soporte en el que presentes la carta: impresa, pizarra, carta digital o QR.
Es decir: si tu web hace de carta, la información de alérgenos tiene que estar ahí.
Qué hacer: integra los alérgenos en la propia carta de la web, por plato, con iconos normalizados o abreviaturas. Es lo más claro para el comensal y lo más fácil de defender en una inspección. De paso, es contenido que te posiciona: «restaurante sin gluten en [zona]» es una búsqueda con intención altísima y poca competencia bien resuelta.


10. La fotografía es parte del proyecto, no un adorno
En una web de restaurante, la foto es el producto. Y es la partida que más veces se queda fuera del presupuesto, con dos resultados posibles: fotos de móvil con luz de fluorescente, o fotos de banco de imágenes con un plato que no existe en tu carta.
Lo segundo es peor. Un comensal que se da cuenta de que la foto no es tu comida ya no se cree nada más de la web.
Qué hacer: presupuesta una sesión de fotos propia desde el principio, con sala, platos y equipo. Es el euro mejor invertido de todo el proyecto. Y luego, que quien monte la web optimice esas imágenes, porque una sesión buena sin optimizar es la causa número uno de que la web vaya lenta.
11. Si tarda más de tres segundos en la calle, no existe
Una web de restaurante se consulta de pie, en la acera, con una conexión regular, decidiendo dónde comer en los próximos diez minutos. No se consulta en un escritorio con fibra.
Por eso el vídeo a pantalla completa que arranca solo en la portada, tan habitual en el sector, es exactamente el peor recurso posible: pesa, no aporta información y consume los tres segundos que tenías.
Qué hacer: prioriza velocidad sobre espectáculo. Imágenes comprimidas y en formatos modernos, carga diferida, y la información crítica —carta, horario, reservar, dirección— accesible sin esperar a que cargue nada más.


12. La página de grupos y eventos es la que más margen deja y casi nadie la hace
Esta es la lección que más dinero ha generado a nuestros clientes y la que menos gente pide.
Las comidas de empresa, las cenas de Navidad, las privatizaciones de sala, las comuniones y el catering tienen un ticket muy superior al servicio de carta y un comprador completamente distinto: alguien de una empresa, con presupuesto, buscando a las once de la mañana desde el ordenador del trabajo y decidiendo por comparación entre tres opciones.
Ese comprador no quiere ver tu carta. Quiere saber si caben 40 personas, si hay sala reservada, si hay menú de grupo con precio por persona y si le vas a hacer factura.
Qué hacer: una página propia, con aforo, planos o fotos de la sala, menús de grupo con precio por comensal, y un formulario específico que pida fecha, número de comensales y contacto. Es la página de mayor retorno de toda la web de un restaurante.
13. El multi-idioma solo si el ticket lo justifica
Traducir una web multiplica el trabajo: estructura, textos, carta, SEO por idioma y mantenimiento a perpetuidad cada vez que cambia un plato.
Tiene todo el sentido en zona turística o si una parte real de tu clientela es internacional. No lo tiene en un restaurante de barrio con clientela local, donde el inglés se usa cuatro veces al año.
Qué hacer: decide con datos, no por si acaso. Mira de dónde viene tu tráfico actual. Y si traduces, traduce de verdad: un plugin automático traduciendo una carta produce nombres de platos involuntariamente cómicos, y eso en un restaurante de nivel resta más de lo que suma.


14. Varios locales, varias páginas
Si tienes más de un local y los metes todos en una página «dónde estamos» con cuatro direcciones, ninguno de los cuatro va a posicionar por su zona.
Qué hacer: una página por local, cada una con su dirección, su teléfono, su horario, sus fotos y su marcado estructurado. Y los mismos datos exactos que en su ficha de Google, carácter por carácter. Esa consistencia es la mitad del SEO local de un restaurante.
La lección quince, que no cabía en el título
El delivery no es una decisión técnica, es una decisión de margen. Enlazar tu web a los agregadores es cómodo y te cuesta una comisión por pedido para siempre. Montar pedido propio cuesta más al principio y te deja el margen. La respuesta correcta depende de tu volumen, no de lo que sea más fácil de programar.
Nuestra recomendación honesta: si no tienes volumen suficiente para amortizar el pedido propio, enlaza a los agregadores y no te gastes el dinero en una funcionalidad que va a usar el 2 % de tus clientes. Te lo dice una agencia que cobra por programar esas funcionalidades.

Preguntas frecuentes
¿Necesita web un restaurante si ya tiene Instagram y ficha de Google?
Sí, pero por una razón distinta a la que se suele dar. Instagram y Google Maps sirven para que te descubran; la web es donde el comensal decide, y donde tú controlas la carta, los precios, los alércenos y las reservas sin depender de la política de una plataforma.
¿Es mejor la carta en PDF o en la propia web?
En la web, sin discusión. El PDF no lo lee bien Google, obliga a hacer zoom en el móvil y no es accesible. Guarda el PDF solo como descarga opcional.
¿Hay que poner los alérgenos en la web?
Si la web hace de carta, sí. La normativa española obliga a que la información de los 14 alérgenos de declaración obligatoria sea clara y accesible antes del pedido, en cualquier soporte en que se presente la carta, incluido el digital.
¿Cuánto cuesta una web para un restaurante?
Depende sobre todo de si necesitas carta autoadministrable, integración con motor de reservas, varios locales o varios idiomas. Los rangos por tipo de proyecto están en nuestra página de precios, y la calculadora te da una horquilla en dos minutos.
¿Hace falta traducir la web?
Solo si una parte real de tu clientela es internacional. Míralo en tus datos de tráfico antes de pagar por ello: traducir es un coste permanente, no puntual.
Si te toca encargar la web de tu restaurante…
Catorce proyectos dan para una conclusión sencilla: en una web de restaurante casi nunca falla el diseño. Falla el proceso. La carta que nadie actualiza, el horario que nadie cambia, el menú del día que nadie sube, la foto que nadie hizo.
Antes de elegir agencia, decide quién va a mantener esto vivo dentro de tu equipo. Y luego exige que la web esté construida para que esa persona pueda hacerlo en dos minutos desde el móvil.
Si quieres ver cómo abordamos estos proyectos, aquí está nuestro trabajo en diseño web para restaurantes. Y si lo que necesitas es una cifra antes de nada, en la página de precios explicamos cuánto cuesta una web para un restaurante y qué mueve el presupuesto.